Duelos en Esclerosis Múltiple , uno de tantos..

  • Nivel 1 · Primeros pasos

    #1

    Mi sueño desde pequeña era ser policía; nací con la vocación de servir y proteger. Sin embargo, cuando ya tenía la academia decidida para preparar la oposición, apareció la esclerosis múltiple y me cerró esa puerta. Yo ya era vigilante de seguridad y, lejos de frenarme, volqué toda mi energía en mi profesión. Ascendí hasta ser inspectora en un entorno donde prácticamente todo eran hombres —solo éramos dos mujeres—. Yo no era una inspectora de despacho; era la que se movía en el terreno, hacía kilómetros, intervenía en primera línea y cuidaba de todo su equipo. Me encargaba de la seguridad en grandes dispositivos de masas y de la captura de delincuentes en primera línea, llegando a desarticular bandas organizadas. En este trabajo nunca sabías qué llevaba encima la persona a la que parabas; me he enfrentado a armas blancas y a situaciones de peligro real. Me apasionaba esa tensión y la adrenalina de la intervención justa. Hace diez años que la enfermedad me quitó la acción de las manos y me obligó a dejarlo. Por eso mi duelo sigue siendo en presente: porque la pasión no se olvida y el instinto protector no se apaga. Es muy duro mirar atrás, recordar a esa mujer de acción con capacidad para proteger a los demás frente al peligro, y asumir la impotencia de que hoy mi cuerpo me obligue a quedarme al margen

    Mi vida se define por la lucha y la adaptación. Convivo con esclerosis múltiple, lesiones de espalda y soy mamá de una niña autista. En el tiro paralímpico recuperé el control. Aquí comparto mi realidad sobre discapacidad, neurodivergencia, deporte y vida.

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