#1
Existe un duelo del que poco se habla, y es el que se vive por ese hijo que imaginaste y nunca existió.
Antes del diagnóstico, en mi mente creé un mundo lleno de expectativas y de todas esas cosas que quería hacer con mi hijo: los juegos, las clases, los paseos, las travesuras… como lo han hecho tantas mamás.
Y aunque un diagnóstico no es un pronóstico, sí cambió mi vida y me llevó a soltar expectativas y prepararme para algo nuevo: terapias, citas con especialistas y un mundo de información que jamás imaginé necesitar.
Recuerdo que, a pesar de tener un diagnóstico prenatal, ese duelo llegó después… cuando empecé a vivir esos momentos que me hacían tanta ilusión y no fueron como esperaba, fueron como su condición nos lo permitía. Ahí entendí que nuestro viaje no era como lo había planeado y que aún me faltaba muchísimo por aprender como mamá.
Y admitir esto no significa que no ame a mi hijo. Nunca había amado con tanta fuerza, pero también dolió soltar al hijo que imaginé por tanto tiempo. Y se vale. Se vale vivirlo, sentirlo y llorarlo, porque solo así se puede seguir.
Qué curioso lo poco que se habla de esto, como si la fuerza y la valentía vinieran de cajón con el diagnóstico.
La realidad es que toma tiempo asimilarlo, dejar ir esa parte para poder dar amor a quien está aquí.
Enfrentar un diagnóstico no es fácil: es sentir miedo, dudas y culpa, es querer encontrar una razón a algo que muchas veces no la tiene, y que, muchas veces, ni siquiera da tiempo de asimilar porque ya toca enfrentarlo.
Y aunque en el mundo del cuidador se habla mucho de fortaleza, amor y gratitud, y claro que hay mucho de eso… también hay cansancio. Y también merece ser nombrado.
No hablo desde la queja, sino con la intención de recordarte que se vale sentir, que aunque a veces parezca prohibido, se vale romperse un poquito. El dolor no borra el amor.
El día que supe que mi bebé estaba en camino, lo amé y lo agradecí. El día que recibí su diagnóstico, también. Y hoy lo amo aún más.
Todavía siento miedo, todavía hay días llenos de dudas, y eso no me hace mala mamá, solo me hace humana. ❤️🩹