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Si pudiera sentarme con una persona recién diagnosticada, le diría lo que a mí me habría salvado de un miedo atroz al principio: el fantasma de la silla de ruedas va a ser lo primero que te venga a la cabeza, porque es el gran tabú de esta enfermedad, pero no tiene por qué ser tu destino. Hoy la medicina ha avanzado muchísimo con tratamientos desde el diagnóstico. También le diría que no se culpe si se siente completamente perdida. Lamentablemente, sigue pasando que te dan el diagnóstico sin explicarte nada, con una frialdad que asusta. Yo tuve la inmensa suerte de dar después con un neurólogo estupendo y humano, pero el impacto del principio es traumático. Por eso, le diría que se permita sentir rabia, miedo y tristeza. Que no intente ser fuerte desde el primer día. Y, sobre todo, que recuerde que la esclerosis múltiple es algo que tiene, no algo que es. La enfermedad va a ocupar un espacio, pero no tiene por qué adueñarse de su identidad ni de sus proyectos. Tu historia no termina aquí, solo cambia la forma de escribirla.
Mi vida se define por la lucha y la adaptación. Convivo con esclerosis múltiple, lesiones de espalda y soy mamá de una niña autista. En el tiro paralímpico recuperé el control. Aquí comparto mi realidad sobre discapacidad, neurodivergencia, deporte y vida.