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Llegar hasta aquí no ha sido un camino fácil. Durante muchos años tuve la sensación de no encajar en ningún lugar. Crecí siendo una persona neurodivergente, aunque entonces no supiera ponerle nombre a lo que me ocurría. Con el tiempo comprendí que formaban parte de mí el autismo, el TDAH y la dislexia. Cada uno ha influido en mi forma de aprender, de comunicarme y de relacionarme con el mundo. No son defectos; simplemente representan una manera diferente de procesar la realidad. Sin embargo, crecer siendo diferente tiene un precio cuando la sociedad no entiende esas diferencias. El bullying marcó una etapa importante de mi vida. Las burlas, el rechazo y la incomprensión dejan heridas que tardan mucho tiempo en cicatrizar. Durante años llegué a cuestionarme mi propio valor porque constantemente recibía el mensaje de que había algo “mal” en mí. Con el paso de los años entendí que no era yo quien debía cambiar para ser aceptado. Lo que necesitaba era rodearme de personas capaces de respetar la diversidad. A esa realidad se sumó otra parte fundamental de mi vida: descubrir y aceptar que soy un chico trans. Mi transición llegó en la edad adulta. Muchas personas creen que la identidad de género siempre se descubre desde la infancia, pero no todas las historias son iguales. En mi caso necesité tiempo, experiencias y mucha reflexión para comprender quién era realmente. Iniciar mi transición siendo adulto supuso enfrentarse a muchos miedos: el juicio de los demás, la incertidumbre, el miedo a perder personas importantes y la sensación de empezar de nuevo. Pero también significó encontrar una paz que nunca antes había sentido. Por primera vez mi reflejo comenzó a parecerse a la persona que siempre había sido por dentro. Construir seguridad en uno mismo no significa dejar de sentir miedo. Significa aprender que el miedo ya no decide por ti. Esa seguridad ha nacido gracias a aceptar todas las partes que forman mi identidad: ser una persona autista, con TDAH, con dislexia y un hombre trans. Ninguna de esas características me define por completo, pero todas forman parte de mi historia. Todavía queda mucho por comprender sobre las personas que vivimos la intersección entre la neurodivergencia y la diversidad de género. A menudo, dentro de las propias comunidades trans apenas se habla de cómo el autismo, el TDAH o la dislexia pueden influir en la manera de experimentar el género, la comunicación o las relaciones sociales. Y fuera de estas comunidades todavía existen demasiados prejuicios que hacen pensar que una realidad invalida la otra. No es así. Ser trans y ser neurodivergente no son experiencias incompatibles; simplemente hacen que nuestro recorrido vital tenga retos específicos que merecen ser escuchados y comprendidos. Por eso considero tan importante crear espacios seguros donde podamos compartir nuestras experiencias sin miedo al juicio. Quiero expresar un agradecimiento muy especial a la Asociación Tiresias por haber creado un grupo para personas trans. Encontrar un espacio donde hablar con libertad, compartir dudas, alegrías y dificultades, y sentir que nadie te juzga por ser quien eres, tiene un valor enorme. Muchas veces no necesitamos que alguien tenga todas las respuestas; basta con que nos escuche y nos haga sentir que pertenecemos a un lugar. Ese grupo ha sido precisamente eso para mí: un espacio de apoyo, respeto y acompañamiento. Hoy miro hacia atrás y veo todas las dificultades que he atravesado, pero también veo todo lo que he conseguido. Mi historia está marcada por el bullying, por la neurodivergente y por una transición de género en la edad adulta. Sin embargo, ninguna de esas experiencias me ha roto. Al contrario, me han ayudado a construir una identidad basada en la autenticidad y en el respeto hacia mí mismo. Mi cuerpo, mi identidad y mi historia son solo míos. Ya no necesito pedir permiso para existir. Solo quiero vivir siendo quien siempre he sido, con la esperanza de que las próximas generaciones encuentren un mundo donde ser diferente deje de ser motivo de rechazo y pase a ser simplemente una forma más de ser humano.
Vivo la creatividad desde mi propia manera de ser: TEA + TDAH + Dislexia. Para mí, no son límites, sino parte de mi forma única de pensar, sentir y crear.